En Zèta, al asociarnos con Labfresh, no solo buscamos crear una bonita zapatilla. Queríamos un material vegetal capaz de resistir la realidad de su día a día, manteniendo sus pies frescos.

Un material vegetal, pero resistente

El maíz utilizado para la parte superior de esta zapatilla proviene de cultivos certificados sin pesticidas. Transformada mediante un proceso limpio, esta innovadora alternativa vegetal está compuesta por un 73 % de Bio PU y un 27 % de poliéster reciclado. ¿El resultado? Un material extremadamente resistente, que actúa como un auténtico escudo antirayadas frente a las fricciones del día a día, conservando al mismo tiempo un aspecto impecable y uniforme.

La tecnología en el interior

Aquí es donde la experiencia técnica cobra todo su sentido. El forro interior también está derivado de cereales (28 % de polímeros de cereales, 62 % de poliéster reciclado y 10 % de PU). En la práctica, esta composición lo hace ultrarespirable y antibacteriano. Retiene ocho veces menos la humedad que una zapatilla convencional. Se acabaron los golpes de calor: el material trabaja por usted y regula naturalmente la temperatura para mantener sus pies frescos, incluso después de 12 horas caminando por la ciudad a 32 grados.

Pensada para un uso intensivo

Más allá de la parte superior, toda la arquitectura del calzado está pensada para durar. Montada a mano en Portugal con un sistema de montaje Strobel reconocido por su robustez, descansa sobre una suela de caucho reciclado al 50 %. En el interior, la plantilla de memoria de forma 100 % reciclada garantiza un confort absoluto.

Una zapatilla que hace exactamente lo que se le pide: acompañarle durante mucho tiempo, con comodidad, sin agotarse jamás.