Oxana Cretu es la chef del restaurante Inima en Burdeos. Para Zèta, nos abre las puertas de su cocina.
Un alma sensible guiada por el sabor y la memoria. Tras convertirse en madre, la cocina se impuso en su vida como una evidencia. Un nuevo comienzo, a los treinta años, para devolver el sentido, la conexión y la ternura al día a día.
Su cocina es una historia de equilibrio: entre Francia, el país que la acogió, y Moldavia, donde nació.
Nuestro encuentro con Oxana
En su testimonio, Oxana habla con sinceridad de sus raíces y de su búsqueda de armonía.
Recuerda a sus abuelos, sus gestos pacientes, la calidez de una comida compartida a pesar del frío exterior. Un recuerdo imborrable: su abuelo, un ahumador casero, un pato preparado durante horas.
De estos momentos nació su visión de una cocina sincera, donde cada detalle tiene sentido.
En su casa, nada se deja al azar. Cada plato cuenta una historia.
Un homenaje a las estaciones, a los productos sencillos, a las emociones que se comparten alrededor de una mesa.
Oxana no busca la perfección, sino la emoción
Cocina como se habla, con el corazón. El mejor cumplido que se le puede hacer, afirma, es simplemente: “He pasado un buen momento.”
Y es quizás ahí, en esa sencillez, donde reside toda la belleza de su arte.













